jueves, 29 de julio de 2010

Oir, ver y callar


Oír, ver y callar. Esta frase la escuche infinidad de veces de mis padres.
No se debía hablar de ciertas cosas, y además, tampoco decir todo lo que sabías.
Cuarenta años en un régimen, que empezó persiguiendo a muerte a los disidentes y que cuando más aflojó la cuerda de la opresión metía en la cárcel a los periodistas o cerraba periódicos, hicieron mella entre el común de los mortales.
Los primeros aires de libertad llegaron con revistas como Cambio 16 y periódicos como El país.. Ya se podían oír los “partes” en cualquier emisora de radio (hasta entonces solo daba noticias Radio Nacional). Los más jóvenes, sin la carga del pasado, asimilamos aquellos cambios rápidamente. Los mayores, aún con miedos del pasado, tardaron más en asumir que en este país ya era posible oír libremente, ver libremente y hablar libremente.
Los periódicos, emisoras de radio y canales de televisión han asumido líneas editoriales que acaban siendo más o menos afines, no solo a una ideología, sino incluso a una opción política. Los periodistas, lejos de ser seres amorfos y sin ideología aparecen en los distintos medios defendiendo o criticando, dando a fin de cuentas su opinión personal, sobre los temas de actualidad.
La información va perdiendo peso a favor de la opinión.
Nada que objetar sino fuera por que acabamos confundiendo la opinión con la información. La opinión de nadie, por muy profesional de la comunicación que sea, debe tener más peso que la del común de los mortales.
Sí es de exigir que el emisor de opiniones base estas en un nivel de información acorde al medio en que las vierte. La opinión de un periodista de reconocido prestigio en un canal nacional tiene una mayor repercusión que la de un vecino sentado en el parque de su barrio o en la tertulia de un bar.

¿Por qué no te callas?


Al entrar en política sabes que te expones a la crítica y al comentario, tanto de los que te conocen como de aquellos que no saben nada de ti.
Creo que no podía empezar mejor este blog que con la frase de Epíteto.
El problema es que mientras la crítica, y sobre todo la que debe hacerme reír, se difunde de forma rápida y veloz, mi risa solo la oigo yo y unos pocos allegados.
Crear un blog con la intención de contestar a las habladurías no va a conseguir que las difamaciones, los infundios y los ataques personales lleguen al mismo número de personas.
Cuentan de una persona que, por rencor, se dedicó a hacer correr un rumor falso que llegó a afectar gravemente a la persona difamada.
Arrepentido por lo que había hecho se fue a confesar y el cura le puso como penitencia que volviese a su casa, cojiese una almohada de plumas, se subiese al tejado y esparciera las plumas. Tambien le pidió que cuando lo hubiese hecho volviera al confesionario.
Al regresar al confesionario, el cura le pidió que volviese y recogiese todas las plumas, a lo que esta persona le contestó que eso era imposible ya que se habían esparcido por todas partes.
El cura le reprocho que al igual que no le era posible recoger las plumas, tampoco era posible acallar las difamaciones que habia esparcido por todas partes.
A mas de uno habria que decirle aquello de ¿ Por qué no te callas?

Trece rosas

Hace ya casi ochenta años que la carta de una niña, a punto de ser fusilada, dejo una frase que la historia no ha olvidado, " Que mi ...