domingo, 14 de junio de 2015

Otra espina desclavada

Los ingleses no distinguen ser o estar.
Esa es una de las primeras rarezas que vemos los españoles cuando comenzamos a aprender el idioma de Shakespeare.
Para un inglés, ser o estar triste es lo mismo, lo expresan de la misma forma. Los españoles sin embargo distinguimos los dos estados.
El ser, es inherente a la condición personal. Ser triste es condición, se es triste siempre. 
Estar, es temporal. Se está triste en el momento. Ni en el pasado ni en futuro.
La ideología, como el amor o el odio son sentimientos inherentes a la persona. Se es de derechas, de izquierdas, de centro, o como se está poniendo de moda ahora, de arriba, de abajo o del centro.
Yo soy de izquierdas y socialista. Es condición personal. 
Puede que existan razones para tener ese sentimiento, pero esas razones no dependerán de la situación personal. No cambiarán con el paso del tiempo.
Estar de acuerdo con la sanidad pública y la educación, y la protección social... no dependerán de que yo pueda o no pagar escuelas y medicina privada., porque si así fuera, debería dejar de decir "soy de izquierdas" y empezar a decir "estoy en la izquierda".
Hay un paso más. La militancia o no en un partido político.
Un simpatizante socialista es tan socialista como un militante. La concidición no la otorga el carnet, es una opción personal. Pero al simpatizante solo se le puede pedir apoyo a la causa del partido con el que simpatiza.
El militante da un paso más y se compromete con un proyecto común, un proyecto al que le debe no solo apoyo, también se le exige lealtad.
Tal vez no lealtad a las personas, con las que se puede, más o menos, compartir objetivos pero no métodos. Pero si lealtad al proyecto colectivo, lealtad al partido.
El militante coge la bandera del partido y manifiesta a todos que él defiende, el pertenece al proyecto común. Si no es así, debe dejar de militar y pasar a simpatizar.
Pero también se puede, en esto, ser o estar.
Ser militante implica que la lealtad al colectivo está por encima de la situación personal, no cambia con el tiempo y sucede porque el sentimiento es más fuerte que la razón.
Al igual que los practicantes de las religiones monoteístas el militante debe, como mínimo, atraer a su causa al simpatizante, tal vez algún día se convierta en militante.
Y ese acercamiento se consigue con el reconocimiento, con el agradecimiento, con la palabra.
Los monoteistas piensan que su dios es único, el de  los demás, lógicamente, fal.so. La conversión se consigue convenciendo con la palabra o venciendo con el acero

El otro día tuve la oportunidad de agradecer a los simpatizantes que han participado en la lista del PSOE su apoyo. Cuando alguien viene a tu casa a ayudarte, lo mínimo es agradecerselo.
Y lo hice con un sentimiento agridulce. 
Recordé a los simpatizantes que me acompañaron en mi lista.
Me acordé del denigrante paseillo que le brindaron algunos de los militantes de la casa a la que habían venido a apoyar. De los insultos y la denegación del saludo a los que fueron sometidos en la calle.
Me acordé de ellos, que el único mal que cometieron fue prestar su ayuda a un proyecto socialista.
Pero hay quien se piensa poseedor de la verdad absoluta y a falta de verbo, usa el acero.
Otra espina desclavada.
 

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