domingo, 19 de junio de 2011

¿Miedo a la libertad?

La libertad no se otorga, se conquista.
Nacemos libres. Nada nos ata las manos o los pies para no poder caminar y movernos. Es nuestro deseo de movernos el que manda. Si queremos lo hacemos.
Nada nos amordaza la boca ni nos ata el entendimiento. Podemos expresar lo que sentimos con solo desear hacerlo.
Podemos hacer el bien o hacer el mal. Solo tenemos que decidir por que opción decantarnos. Podemos hacer cualquier cosa, o dejar de hacerla.
Somos altos o bajos, morenos o rubios, diestros o zurdos. En todo hay dos opciones. Pero lo que si es común y único es que ser, todos somos libres, solo el miedo nos ata.
Los dictadores utilizan el miedo para limitar o anular la libertad con la que nacemos.
Todos los regímenes dictatoriales utilizan la violencia, castigos físicos o morales, como método para dominar a sus ciudadanos, para coartar su libertad y son los ciudadanos que se revelan contra la dictadura, superando el miedo, los que logran reconquistar la libertad con la que nacieron.
El ciudadano libre está por encima de los poderes, no les teme porque el poder ha nacido de él.
La lucha de los valientes de otras épocas hicieron posible que los estados reconozcan las libertades como un derecho de los ciudadanos actuales.
Se nos llena la boca con la palabra libertad, pero ahora que la tenemos, ¿somos lo suficientemente valientes para hacer uso de ella?
La primera libertad que coarta el tirano es la de expresión y después la de reunión. A los tiranos no les interesa que se divulguen ideas contrarias a las suyas, así que prohibe decir lo que se piensa y las reuniones para decirlo.
Los más jóvenes tal vez no o recuerden, pero en España, durante la dictadura franquista se prohibió las máscaras del carnaval. La gente aprovechaba el carnaval para disfrazarse y criticar sin que se supiera quien era. Los que desafiaban a los municipales corriendo por el pueblo disfrazados no hacían otra cosa que reivindicar su derecho a ser libre para expresarse. Demostraban valentía.
El político, en democracia, sabe que va a ser objeto de crítica y que debe respetar la opinión de los demás.
Da la cara y expresa en público lo que piensa. Se desnuda moralmente ante el pueblo, y al mismo tiempo hace uso de su libertad de expresión. Demuestra valentía.
Hay a quien se le llena la boca de la palabra libertad, y sobre todo la de libertad de expresión, pero luego es incapaz, bajo mi punto de vista, de hacer el más mínimo uso de ella.
Siempre he dicho que hay que votar, aunque sea en blanco, porque es la mejor manera de demostrar que se apoya el derecho al voto. El deshuso de un derecho da pie al dictador para argumentar que el pueblo no quiere la democracia.
Hablar libremente y difundir las ideas no es solo un derecho, es un deber de los ciudadanos.
Nuestra sociedad tolera la discrepancia y no hay motivos reales para ponerse un burka a la hora de expresarse.

Me inspira esta entrada el hecho de que hay un fenómeno en Internet que son los foros. Para acceder a ellos solo debes tener una dirección de correo, dar un nombre falso que ahora se llama nick, y comenzar a decir todo lo que te parezca. Eso si, desde el anonimato.
Nada en contra de la libertad de ocultar tu nombre real, es otra de las libertades. Sin embargo, ¿cuales son los motivos para ocultarse?
Si es una cuestión de preservar la intimidad, nada que objetar. Pero es mucha la gente que prefiere mantener el anonimato por cuestiones de cobardía. Cobardía no porque se les vaya a perseguir, sino por el miedo a responsabilizarse de lo que dicen.
Elaboran el discurso con falsedades o medias verdades, infamias, injurias y otras lindezas de las que no se hacen responsables. Han reformado la antigua costumbre del cotilleo de plaza o taberna, en la que la conversación era personal, por otra más peligrosa en la que no existe el contacto personal.
Yo, como otra mucha gente he padecido las calumnias de estos quintos columnistas.
Algunos amigos me invitan a que les responda, y yo les digo que no respondo a cobardes.

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